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Contrato en mano, llega el momento de la formación y apoyo de la red

Ponte manos a la obra

Una vez rubricado el contrato, es la hora de pasar a la acción y de dar los pasos necesarios para activar el negocio. En este proceso vas de la mano del franquiciador, quien siempre ha de estar a tu lado mediante una formación y un apoyo integrales. Ahora desvelamos -y respondemos- las principales dudas que surgen en esta etapa.

Claudio M. Nóvoa 04/11/2014

Contrato en mano, llega el momento de la formación y apoyo de la red

Todo comenzó con un flechazo en cadena. Tú, emprendedor, te fijaste en esa marca y, con nuestra ayuda, indagaste si era fiable, si te convenían sus propuestas. Una vez os jurasteis fidelidad, la sellasteis con un contrato, al que también os ayudamos a conocer en profundidad para evitar futuros desengaños.

Y aquí estamos. En la teoría, ya eres un franquiciado. Pero ahora toca remangarse y, de la mano de la central, emprender un camino que culminará con la apertura de tu negocio.

Como punto de partida, te debes empapar de la actividad, del método de trabajo de la marca, de ese saber hacer exclusivo que te ha seducido. Debes, en definitiva, asistir a un exhaustivo curso que, por lo general, se imparte en la sede de la compañía, explica Pablo Gutiérrez, director general de Operaciones de mundoFranquicia Consulting. “Esto se debe a que en la formación intervienen distintos departamentos de la empresa radicados en sus instalaciones centrales, como marketing, operaciones o finanzas. No olvidemos que ahí se encuentran las herramientas para desarrollar las sesiones prácticas incluidas en los cursos”. En cuanto a la duración media, es difícil calcularla, ya que depende del modelo de negocio. De modo orientativo, y referido al ámbito de la restauración, “oscila entre siete y 10 días, hasta un mes”.

Llegados a este punto de la lección, muchos os preguntaréis quién asume el coste de estas iniciativas. La formación, como tal, está incluida en el derecho de entrada, pero los gastos de alojamiento y traslado suele costearlos el emprendedor, algo que debe recoger el contrato. Las tornas cambian cuando profesionales de la compañía se desplazan para apoyar la inauguración y los primeros días de actividad. 

Encontrar tu sitio en la franquicia
En cualquier caso, siempre tienes que ser exigentes con la formación, sello distintivo de cualquier franquicia de calidad. La advertencia cobra especial relevancia, al consultar el I Estudio de Satisfacción del Franquiciado, de Barbadillo y Asociados, donde el 42% de los encuestados confiesa haber encontrado serias deficiencia en la formación previa a la apertura. Entre las carencias detectadas, destaca especialmente la escasa duración del programa de formación.

El proceso formativo tiene que aparecer recogido en el contrato, donde se detallará cómo, dónde y cuándo se imparte, además de identificar a los docentes encargados de hacerlo. Todo ha de quedar atado, incluso los supuestos menos habituales. En este sentido, puede ocurrir -es infrecuente- que la central estime, tras la instrucción, que el asociado no es apto para gestionar la actividad y que recomiende contratar a un gestor óptimo o, directamente, decida rescindir el contrato.  

Los conocimientos adquiridos son baldíos si no hay un espacio óptimo donde aplicarlos. A partir de aquí, es clave escoger una ubicación idónea, labor en la que deben colaborar estrechamente la central y un emprendedor que aportará su conocimiento del mercado local. Algunos de los criterios a utilizar son el tipo de usuario que reside en la zona y cómo se ajusta a la actividad, el tránsito peatonal y de vehículos, así como la competencia directa e indirecta. 

Respecto a la adecuación del local, ciertas marcas asumen los trabajos y entregan el negocio bajo el formato llave en mano. Otras dan al asociado la posibilidad de acometer la reforma y de contratar a los profesionales, aunque siempre bajo la supervisión de la central, para garantizar la homogeneidad de la red.

El franquiciador sabe cuál es el perfil idóneo para trabajar en sus tiendas, una vez lo ha comprobado en las unidades piloto, por lo que ayudará al franquiciado en la selección del personal.

La colaboración entre ambas partes se hace extensiva a parcelas como el marketing, donde es vital consensuar una campaña de lanzamiento que contribuya a posicionar el negocio en su mercado objetivo. El emprendedor aporta su conocimiento del mercado local, mientras que la cadena pone sobre la mesa las experiencias de otros puntos de venta.

Éstas son algunas muestras de un vínculo con la central que, a medida se acerca la fecha de apertura, se debería estrechar cada vez más.

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3, 2, 1… Reacción en cadena

El negocio abre sus puertas y se desata una reacción en cadena, donde el asociado recibe apoyo para impulsar su actividad. Esto se traduce en el envío de personal a la tienda, desde una central que, por lo general, sufraga el traslado, dietas y alojamiento de sus trabajadores. Pasada la euforia inicial, te preguntarás cómo es la vida cotidiana y qué relación se establece con el franquiciador. Debes saber, por ejemplo, que éste tiene la capacidad de fijar los precios máximos de venta, pero no así los mínimos, como explica Xavier Vallhonrat, presidente de la Asociación Española de Franquiciadores (AEF).

“Otra de sus atribuciones es evitar que se venda bajo coste o haciendo competencia desleal”, aclara Javier Pelayo, socio director de T4 Franquicias. Lo habitual es que el franquiciado aplique los precios recomendados, pues se supone que permitirán alcanzar la rentabilidad prevista, fruto de los estudios y experiencia de la enseña.  Respecto a los horarios de apertura, la marca tiene la facultad de imponerlos a la red, siempre que no colisionen con la normativa de la zona.

Otro elemento crítico es el suministro. “La central asume el control de unos proveedores que ella misma homologa, para preservar la identificación de la cadena con su público y conservar los estándares en la oferta”, señala Vallhonrat. “Con alguna excepción, la ley garantiza este estatus durante el primer lustro de contrato.

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