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Cómo desconectar del trabajo en vacaciones

¿Eres de los que te cuesta descansar en verano? Los centros de atención de psicología y salud mental Haztúa te aconsejan cómo desconectar del trabajo

01/08/2018
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Estamos a 1 de agosto, fecha clave en nuestro calendario y que simboliza la temporada de piscina, de playa, terrazas, viajes... En resumen, que te tomes un merecido descanso después de un año dándolo todo en el trabajo. No obstante, puede que, como te ha ocurrido en otras ocasiones, una vez que se acaben tus vacaciones vuelvas a la carga con la sensación de que no ha sido suficiente. ¿Necesitas realmente más días o se trata de otra cosa?  La cadena de franquicias Haztúa, centros de atención de psicología y salud mental, te aconseja cómo desconectar estas vacaciones para poder descansar de la rutina diaria.

1. Es fundamental el tiempo de descanso.

En primer lugar, para que tu cerebro tenga la sensación de que se trata realmente de un tiempo de descanso, es necesario que te tomes, al menos una semana completa. Si no puedes, sin duda, tres días es mejor que nada. Pero es importante que haya una ruptura con la rutina y eso se consigue cuando tu cabeza entiende que no solo descansas porque “toca” día libre, sino que se trata de una parada diferente. “Nuestro cerebro funciona haciendo categorías de los hechos cotidianos. Y tenemos que hacerle comprender que estamos en la categoría “vacaciones” y no en la categoría “puente” o “día festivo”.

Hacer una parada que incluya todos los días de la semana permite diferenciar ese tiempo de descanso como algo vacacional. No olvidemos que la raíz latina de la palabra nos indica que se trata de un tiempo para estar libre, desocupado, vacante…”, explica Rosana Pereira, fundadora de Haztúa Psicología Positiva.

2. Pero podría ser tu actitud ante las cosas.

Hay una regla que se cumple casi siempre: a más tiempo de vacaciones, más probabilidad de desconectar completamente. Pero como toda regla tiene sus excepciones. Y tal vez tú te sientes parte de esa excepción porque da igual los días que tengas, no logras desenchufarte de los problemas del trabajo. Sí, digo problemas porque si no hay problemas, o al menos alguna dificultad que enfrentar, es más fácil desconectar. Pero vayamos a desgranar qué puede estar pasando para que no logres disfrutar de tu tiempo vacacional.

¿Quieres realmente desconectar? Se trata de un ejercicio que necesita de tu voluntad. Es imprescindible que te des permiso para desconectar sin sentir que haces mal por ello. El exceso de responsabilidad puede ser tan perjudicial como la falta de ella. Si hay sentimiento de culpa analiza el contenido de esa culpa y encuentra argumentos racionales de por qué tú tienes el mismo derecho que cualquiera a desconectar. Y de por qué lo necesitas. 

3. Aprende a delegar

Si te atreves a dar confianza a los demás puedes llegar a descubrir una gran verdad: las personas somos agradecidas y si confían en nosotros tratamos dar lo mejor de nosotros mismos. Forma a alguien con tiempo para que pueda encargarse de las cosas más urgentes en tu ausencia. O llega a acuerdos con tus clientes que te permitan organizar tu tiempo de descanso…

¿Necesitas estar siempre “en control”? Ser capaz de convivir con la sensación de incertidumbre es uno de los más valiosos aprendizajes que puedes hacer en la vida. La creencia de que tenemos el control nos permite relajarnos, pero no es real. Tenemos mucho menos control del que pensamos en los acontecimientos del día a día. La vida es imprevisible. Lo bueno de este aprendizaje es que descubres que llevas toda la vida lidiando con acontecimientos inesperados y no te ha ido tan mal…

4. ¿Anticipas o saboreas el momento?

Tendemos a anticiparnos a lo que va a ocurrir porque “así ejercemos el control” del que te hablaba antes. La realidad es que acabamos viviendo en el pasado pensando en qué no salió bien para intentar cambiarlo. O anticipando el futuro pensando en que puede salir mal, o en qué quiero que ocurra… Pero dedicamos pocas energías a disfrutar del aquí y el ahora, que es en realidad el único momento en el que sí podemos hacer algo real. Aprovecha las vacaciones para “saborear” las experiencias de la vida.

Los cambios pueden ser incómodos o difíciles, pero merece la pena intentarlo. Ya no tienes excusas. ¡Disfruta de tus vacaciones!


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