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¿Cómo actuar cuando se decide poner fin a la relación con la cadena?

Desvincularse de una red de franquicias

El matrimonio entre franquiciado y franquiciador puede ser idílico o acabar en los tribunales. En algunos casos, la ruptura es evitable. Sólo hay que hacer bien los deberes. Y para cuando no hay remedio también tenemos algunas recomendaciones.

Isabel García Méndez | 29/12/2009
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La relación entre un franquiciador y un franquiciado puede llegar a parecerse a algunos matrimonios. Antes de la firma del contrato, se produce un auténtico cortejo por parte del primero hacia el segundo: le promete todo tipo de apoyo, formación, ayudas, facilidades, precios ventajosos… Y una vez que se lo ha ganado, a veces lo ofrecido se queda en la mitad, o menos de la mitad.

Esta situación se produce no en el caso de las enseñas más serias y consolidas, pero sí en en el de otras que no lo son tanto. Y con estas son con las que hay que tomar ciertas precauciones. Santiago Barbadillo, director general de la consultora Barbadillo Asociados, asegura: “El franquiciado se siente muy importante antes y durante la firma, pero muchas veces el franquiciador se olvida de él una vez que ha aceptado, no le visita, no se le pone al teléfono. Y entonces el franquiciado se siente abandonado a su suerte”.

Miguel Ángel Oroquieta, subdirector general de Tormo y Asociados, apunta dos razones principales como motivo de ruptura: “El conflicto que se deriva del incumplimiento de las obligaciones por alguna de las dos partes y el conflicto económico, cuando el franquiciado no puede continuar el negocio por razones económicas. Las causas que llevan a una u otra situación son muy variadas, pero normalmente se produce porque algo no se ha hecho bien y se ha generado insatisfacción por la falta de cumplimiento de expectativas”.

En cualquier caso, según José Augusto Sánchez, presidente de la Asociación Española para la Asociación y Defensa del Franquiciado (AEDEF), el franquiciado es siempre el eslabón más débil en esta relación, porque “el franquiciador nunca pierde dinero, puede dejar de ganar, pero no pierde porque tampoco expone nada. Mientras que el franquiciado o gana o pierde”.

Decidir romper con la cadena es una decisión difícil, sobre todo porque se puede dilatar en el tiempo. Cuando entran en juego los abogados, el proceso se prolonga en unos cuatro a seis meses. Pero, si se llega a los tribunales, la resolución del contrato puede retrasarse hasta los cinco años. Por eso, en éste, como en muchos otros temas, los expertos recomiendan un mal acuerdo antes que un buen pleito.

Así, el primer consejo para el franquiciado que no quiera continuar con el negocio es que le ofrezca a la cadena la compra de su franquicia.

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