
Alessandro Punturo
CEO de Coneex Leadership Coaching
El cerebro del líder consciente: neurociencia al servicio de la transformación cultural
Este experto ofrece un enfoque innovador al integrar los avances de la neurociencia y la inteligencia emocional en el desarrollo de líderes empresariales, a través de su exclusivo método Core Energy

En un mundo empresarial que cambia rápidamente, seguimos liderando con un cerebro desarrollado hace miles de años.
Esta paradoja explica por qué muchas organizaciones, a pesar de invertir millones en bienestar, liderazgo y transformación cultural, siguen fallando en crear entornos donde las personas puedan prosperar.
La clave no está en hacer más. Está en entender mejor cómo funciona el órgano que guía todas nuestras decisiones: el cerebro.
Liderar no es solo pensar. Es un proceso biológico.
Durante décadas se ha afirmado que las mejores decisiones empresariales son racionales y que las emociones solo parecen ser un obstáculo o algo relegado a la vida privada. La neurociencia ha desmentido este mito.
El neurocientífico Antonio Damasio, ya a finales de los años 90, demostró, a través de sus estudios sobre los marcadores somáticos, que las emociones no interfieren en la toma de decisiones, sino que la hacen posible. Son señales corporales que el cerebro utiliza para evaluar rápidamente riesgos y oportunidades basándose en experiencias sensoriales.
Cuando estas señales están desconectadas, las personas pueden analizar datos durante horas y, aun así, tomar malas decisiones.
En otras palabras, no decidimos a pesar de la emoción; decidimos gracias a ella. Por eso, un líder bajo estrés crónico no pierde inteligencia: pierde acceso a ella.
La trampa del piloto automático
Nuestro cerebro consume cerca del 20 % de la energía corporal, a pesar de que solo representa el 2 % de su peso. Para ahorrar recursos, ha desarrollado un sistema sorprendentemente eficiente: el piloto automático.
Una gran parte de nuestras decisiones diarias se toman de forma inconsciente, basándose en patrones aprendidos y atajos mentales.
Si os parece que el tiempo va más rápido, no es cuestión de percepción: es que, durante gran parte de vuestro tiempo, no estáis viviendo; estáis repitiendo.
Esto puede ser excelente para sobrevivir, pero es peligroso para liderar. Un líder en piloto automático:
- Reacciona en lugar de responder
- Ve amenazas donde hay oportunidades
- Reproduce modelos heredados sin cuestionarlos y, lo más relevante, contagia su estado interno al equipo
Las emociones se transmiten a través de las neuronas espejo.
Un líder alterado genera tensión.
Un líder regulado genera calma y enfoque.
El liderazgo consciente comienza aquí: en la capacidad de salir del piloto automático y reactivar la corteza prefrontal, responsable de la autorregulación emocional, la intuición, la creatividad, el pensamiento estratégico, la visión a largo plazo y la toma de decisiones complejas.
Estrés sí. Estrés crónico, no.
Es importante decirlo sin ambigüedades.
El estrés agudo es adaptativo. Nos permite rendir ante un reto puntual.
El problema aparece cuando el estrés se vuelve crónico, algo común en muchas organizaciones actuales.
Cuando el cerebro percibe una amenaza constante, la amígdala toma el control de la corteza prefrontal. Aumentan el cortisol y la adrenalina, y entramos en una modalidad defensiva (fight or flight).
En ese estado:
- La creatividad se apaga
- La colaboración se resiente
- El pensamiento estratégico desaparece
Los datos son claros: el estrés crónico reduce la neuroplasticidad, afecta la memoria y multiplica el riesgo de burnout.
Desde una perspectiva de liderazgo, hay un punto crítico: el estrés también es contagioso.
No importa cuántos programas de bienestar se anuncien si quienes lideran viven constantemente en modo urgencia.
Bienestar organizacional: una cuestión de neurociencia aplicada
El bienestar no se construye con iniciativas superficiales.
Se construye entendiendo cómo funcionan tres sistemas cerebrales clave.
Primero, el sistema de recompensa
La dopamina se activa cuando percibimos avances, sentido y reconocimiento real. Muchas organizaciones han creado dependencia de recompensas rápidas, bonus, objetivos cortoplacistas y métricas que generan picos de motivación seguidos de vacío.
Segundo, el sistema de conexión social
Somos seres profundamente relacionales. La oxitocina, asociada a la confianza y la conexión genuina, reduce el estrés y mejora la colaboración. Las culturas de competencia interna debilitan este sistema.
Tercero, el sistema de seguridad psicológica
Cuando el cerebro no detecta una amenaza social, la corteza prefrontal puede operar al máximo. No es casualidad que la seguridad psicológica sea el principal predictor del rendimiento de los equipos de alto desempeño.
Vulnerabilidad y coraje: el nuevo estándar del liderazgo
Aquí el trabajo de Brené Brown resulta especialmente relevante.
Sus investigaciones desmantelan otro mito profundamente arraigado en las empresas: que la vulnerabilidad debilita la autoridad.
Los líderes que generan confianza no son los que tienen la mejor armadura, sino los que:
- Reconocen sus límites
- Admiten errores
- Mantienen conversaciones difíciles de forma constructiva
- Crean espacios donde es seguro aprender
La vulnerabilidad no es exposición emocional sin criterio.
Es coraje emocional al servicio del liderazgo.
Sin ella, no hay innovación, no hay aprendizaje y no hay transformación cultural real.
Transformación cultural: del concepto a la sinapsis
Cambiar una cultura no es simplemente cambiar valores escritos en una pared. Es modificar patrones neuronales colectivos. Y eso requiere respetar cómo aprende el cerebro.
La neuroplasticidad necesita repetición, emoción, práctica y tolerancia al error. Los nuevos comportamientos requieren semanas de práctica consciente y coherente.
Por eso muchas transformaciones fracasan. Se espera velocidad donde el cerebro necesita constancia.
El líder consciente no impone cambios: los vive en primera persona. Diseña contextos de aprendizaje. Mantiene el ejemplo a lo largo del tiempo.
Liderar hoy es una responsabilidad biológica. Liderar conscientemente es aceptar que tu estado interno moldea el estado interno de otros.
Tu cerebro comunica constantemente señales de calma o ansiedad, de apertura o control, de confianza o defensa.
La transformación cultural comienza cuando los líderes comprenden que regular su sistema nervioso es tan importante como revisar los KPIs. Que su presencia tiene más influencia que cualquier presentación. Que la conciencia no es un lujo, sino una habilidad crítica.
La neurociencia nos ha dado el mapa y sigue evolucionando.
Ignorarlo hoy es tan irresponsable como ignorar las leyes de la física al construir un puente.
El futuro del liderazgo no pasa por hacer más. Pasa por ser más conscientes.
Y eso empieza en un único lugar: la mente de quien lidera.
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