
Borja Iribarne
CEO y fundador de ProfesorCBD
Emprender cuando la vida no espera
Este emprendedor reflexiona sobre todo lo que implica emprender y para ello repasa su trayectoria

Emprender no es una decisión puntual. Es una forma de vida que se va ajustando –a veces a la fuerza– a medida que la realidad personal y profesional se complica.
Con el tiempo entiendes que no va solo de levantar una empresa, sino de hacerlo sin renunciar del todo a lo demás.
Monté ProfesorCBD en 2018 con 38 años, la edad media del emprendedor en España. No era un chaval con una idea en la mochila.
Llegué con experiencia, con un proyecto claro y con una vida que ya tenía peso propio. Ese punto de partida importa, porque emprender cuando ya no todo gira en torno a ti cambia por completo la forma de decidir.
Validar es la parte fácil
Los primeros pasos suelen ser agradecidos. Montas una pequeña empresa, validas un MVP, confirmas que el mercado responde y todo parece reversible. La energía compensa muchas carencias.
Después llegan las métricas de verdad. Y con ellas, la etapa menos contada: la travesía por el desierto. Años en los que la empresa crece, pero no gana dinero; en los que innovas, pero sigues presentando pérdidas; en los que avanzas sin saber si el final está cerca o muy lejos.
Ahí entendí algo clave: emprender no es para todo el mundo. No porque sea más noble o más duro, sino porque exige un perfil concreto. Persistencia, tolerancia a la frustración y una capacidad casi incómoda de insistir cuando todo invita a parar. En mi caso, ser un pesado –por primera vez– fue una ventaja.
Empresa y familia dejan de ser compartimentos estancos
Mientras la empresa atravesaba su fase más frágil, mi vida personal también cambiaba. Llegaron los hijos y con ellos una realidad innegociable: necesitan parte del tiempo que antes dedicabas íntegramente al proyecto. Y es justo que así sea.
No es solo una cuestión de horas, sino de falta de sueño, foco y energía. Quien haya tenido un bebé a su cargo sabe de qué hablo. De repente, dos prismas que parecían separados –empresa y familia– se convierten en uno solo.
Si la empresa no va bien, tu vida familiar se resiente. Pero si no estás con los tuyos, tampoco estás en condiciones de liderar un proyecto.
Todo esto sucedía mientras ProfesorCBD seguía gastando gasolina (¿cuándo se agotaría?, me preguntaba). Pero no tuve que descubrirlo: en 2024, la innovación dio sus frutos, dimos el giro necesario y logramos presentar un ebitda positivo.
No fue casualidad, sino rigor, resistencia y corrección de errores. Y también conciliación real y cuidado de la salud mental, incluso cuando eso significaba estar en el parque y no frente al ordenador.
El papel de los socios fue clave. Nunca hubo presión cortoplacista. Hubo apoyo, paciencia y acompañamiento. Cuando eso ocurre, las probabilidades de llegar aumentan mucho.
El barro, el equipo y escuchar de verdad
Emprender es bajar al barro. No hay estabilidad real y conviene asumirlo pronto. Ese entorno incómodo saca, a veces, tu peor versión. A mí me pasó. Y es entonces cuando descubres quiénes están de verdad a tu lado.
Rodearme de un buen equipo fue fundamental: personas con talento que cubren mis carencias y operan bajo una visión clara, la mía. Porque la idea siempre pertenece al emprendedor.
Con una condición indispensable: evitar el síndrome del Show de Truman. Rodearte de gente que solo te da la razón es una forma silenciosa de equivocarte.
Aprendí también que no conviene enamorarse del proyecto. Si una empresa se tuerce y no sabes soltar a tiempo, puede arrastrarte con ella. Hay que empujar fuerte sin permitir que el proyecto te absorba por completo.
También cometí errores, como crecer demasiado rápido en plantilla. Los costes laborales impactaron directamente en el P&L. Con el tiempo entendí que, en fases tempranas, un equipo pequeño y apoyarse en subcontratación suele ser la opción más sana.
Llegar hasta aquí
Para llegar hasta aquí ayudaron las pequeñas metas. El día a día del emprendedor no se sostiene con grandes hitos, sino con ideas sencillas que funcionan. Celebrar cada avance modesto marca la diferencia. Y hacer deporte, aunque cueste encontrar el tiempo, ayuda a pensar mejor.
En mi caso, el CBD también ha sido parte de ese equilibrio personal: me ayuda a estar más tranquilo y, paradójicamente, más efectivo.
Hoy la empresa es rentable. La familia ha crecido. Los problemas no han desaparecido, pero se afrontan desde otro lugar. Emprender no va de evitar dificultades, sino de aprender a convivir con ellas sin perder el control.
No es un camino para todos, y no debería serlo. Pero para quienes lo elegimos, el verdadero éxito no es una cifra ni una etiqueta. Es mirar atrás y saber que el proyecto sigue en pie y que, por el camino, no dejaste de estar donde debías estar.
Eso, cuando ocurre, es suficiente.
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